



MONUMENTOS
Una topografía de la necesidad - Nacidos en la urgencia de los astilleros militares estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, los sanitarios portátiles evolucionaron desde toscas cajas de madera hasta la sofisticada cabina de polietileno. En España, su irrupción fue tardía y puramente legislativa: el Real Decreto 1627/1997 obligó a dotar a cada tajo de obra de estas cápsulas de desinfección química.
Lo que comenzó como una solución de productividad industrial en los años 40 se transformó, a las puertas del siglo XXI, en un elemento indispensable de la infraestructura laboral contemporánea.
A partir de los años 60 y 70, el auge del turismo de masas provocó una expansión urbanística sin precedentes que transformó por completo las ciudades y los pueblos de la costa española. Es en este entorno donde la mirada analítica puede localizar una arquitectura minima : el baño portátil. Bloques de plástico industrial encajados a la fuerza y plantados, a veces, en las ubicaciones más extrañas e inverosímiles del espacio público —bloqueando aceras estrechas, desafiando la gravedad en pendientes pronunciadas.
Detrás del polietileno se esconde una relación directa entre el objeto y el rendimiento financiero de la obra: la optimización del tiempo del trabajador, calculada minuciosamente para evitar que abandone el perímetro de construcción. Así, el baño portátil habla de la condición obrera: nuestras necesidades biológicas más básicas reguladas por decreto, cronometradas por la rentabilidad económica, gestionadas por una empresa de alquiler.
Monumentos es, en última instancia, un retrato de la estandarización industrial, donde la dignidad laboral se encapsula en apenas dos metros cuadrados, recordándonos que el bienestar y la carrera hacia la urbanización masiva descansa siempre sobre otros.
work in progress 2026
